Bienvenida

Después de un largo camino desde la plantación de la viña hasta la vendimia, la uva está lista, es el momento de hacer el vino.


Nadie inventó la fermentación. La vinificación, transformación del zumo de la uva en vino, sucede de forma natural, pero que duda cabe que dirigiendo, aportando los medios necesarios, se elaboran bien los mostos para obtener vinos ricos, llenos de color y plenos de aromas.


En Viña Santa Marina comenzamos testando las uvas en el campo. El momento de la vendimia viene determinado por el grado de madurez de las uvas, dependiendo de la clase de vino que queremos conseguir.


En el moderno lagar trabajamos codo con codo con las levaduras procedentes de nuestros viñedos, llenas de vitalidad y resistentes, en el caso de los vinos tintos, a altas temperaturas.


Maceraciones largas y controladas en los tintos, días y días de lenta fermentación en los blancos, buscando vinos de bonitos colores, intensos aromas y deseables estructuras.


Los vinos tintos nuevos son muy atractivos pero inestables, no significa por ello sin calidad. Es vital, durante un tiempo, guardar los tintos en barricas de madera para que cambien, maduren, suavicen y se afinen. Criamos, sobre todo, en maderas francesas, también en americanas, nuevas, limpias y frescas que marcan y definen la personalidad de nuestros vinos. El tiempo de crianza dependerá del tipo de vino que deseamos, así van desde 9 meses a año y medio, desde Equus a Miraculus.


Una vez embotellados, los Viña Santa Marina continúan su proceso de maduración en ausencia de oxígeno. Se dice que "terminan" en la botella, en la calmada quietud de la bodega de guarda.


Este lento y maravillo proceso es particularmente importante en los vinos tintos, que tienen una larga vida una vez que salen de Viña Santa Marina. Los blancos normalmente necesitan menos tiempo pues la juventud forma parte de su atractivo.